Pueblos Indígenas y la Frontera
Noviembre 4, 2003
Los pueblos indígenas que en estas tierras hemos visto crecer
la memoria de nuestros ancestros, honramos su vida y su obra luchando
para el futuro, en donde seamos reconocidos y respetados como naciones
originarias.
La conquista y dominación a manos de potencias extranjeras, no
logró destruir nuestras culturas. Muchos pueblos fueron aniquilados
hasta sus cimientos, sus paredes derrumbadas y sus hombres, mujeres
y niños asesinados hasta no quedar uno solo más. A ellos dedicamos
nuestras oraciones y lucha de resistencia por años y siglos. Pero
otros pueblos, seguimos con vida y en pie de lucha.
Las fronteras nacionales, estatales y municipales, fueron establecidas
sin consultarnos y sin respetar nuestros legítimos derechos. Fue
así que en muchas ocasiones, el reparto entre los poderosos impuso
fronteras a la vida, a la naturaleza, incluso a otros seres vivos,
como las plantas, los animales, la tierra, el aire, las aguas y
los hombres. En un absurdo, los poderosos señores de la guerra y
el dinero, dividieron pueblos enteros, dejando cientos de comunidades
divididas por una línea imaginaria, pero que ha traído infinidad
de complicaciones de la vida de los hombres, de las plantas y los
animales. Nos han impedido en muchas ocasiones visitar a nuestros
familiares, hacer nuestros recorridos y peregrinaciones rituales
a los lugares sagrados que nuestros más antiguos padres nos enseñaron
a cuidar, respetar y venerar. Han impedido también el paso de plantas
y animales que nos acompañan en este suelo sagrado que es la MadreTierra,
y han pretendido incluso dividir el agua, separar los aires, disponer
de la vida que de todas formas cruza sin pedir permiso.
Desde lo que ahora llaman Océano Pacífico, hasta el Golfo de México,
los gobernantes de uno y otro país, México y Estados Unidos, nos
han dispuesto en estados y municipios, por un lado y en estados,
condados y reservaciones, en el otro lado. En el lado mexicano,
nunca han reconocido verdaderamente a nuestras propias autoridades,
nuestras asambleas y formas de tomar decisiones. Pero atravesando
desiertos y llanuras, montañas y valles, siguiendo el caprichoso
movimiento del Río Grande, otros han decidido hasta donde llega
nuestro territorio, y lo han fraccionado para particulares que las
explotan o las tienen como casa grande, y han construido carreteras,
alambradas y hasta ciudades, para someternos y alejarnos. Actualmente,
muchos de nuestros territorios, sus recursos naturales, aguas, tierras,
minerales, e incluso recursos biológicos, son explotados sin misericordia
desde hace años. Buscan despojarnos de nuestro derecho de transitar
y vivir como ancestralmente lo hemos hecho aquí, y explotar nuestros
recursos naturales.
Pero nosotros seguiremos viviendo aquí. Siempre lo hemos hecho
y siempre lo seguiremos haciendo, ahora cada vez más unidos con
hermanos de las muy diversas y grandes regiones indígenas del país,
los distintos pueblos que se establecieron aquí mucho tiempo antes
de la llegada de los invasores.
Por la misma situación de exterminio, abandono, aislamiento y
miseria en que nos han mantenido los poderosos, cientos y miles
de indígenas hermanos de otras regiones, también hemos tenido que
venir a tratar de encontrar trabajo acá, para enviar dinero y poder
mantener la vida de la familia en las comunidades.
Es el trabajo de millones de mexicanos, la vida y la muerte de
los que migran. Somos sometidos todos a condiciones no-humanas para
lograr tener derecho a ganar ese dinero que es la vida de otros
que atrás quedaron: la esposa, los hijos, los hermanos, los padres
y abuelos. Allá también están nuestras aspiraciones para que nuestros
hijos o hermanos vayan a la escuela en las ciudades, porque en nuestras
comunidades apenas si hay escuelas que llegan al segundo de primaria.
Allá también están las necesidades de la casa, el pueblo, su camino
y todo lo que necesita la familia entera para que viva. Allá quedó
también nuestra milpa, el bosque, el cerro, el río, nuestro cementerio
en donde están nuestros muertos que debemos cuidar así como ellos
nos han cuidado.
Según los especialistas, el trabajo de los migrantes es muy importante,
porque envía más dinero a México que todos sus negocios con Estados
Unidos. El Estado mexicano no invierte ningún centavo para los esfuerzos
que nosotros hacemos para llegar acá. Ni en nuestro transporte,
ni en la comida, ni la espera hasta encontrar trabajo, ni en asegurarse
de que quede algo para la familia que no veremos en mucho tiempo.
Mucho menos en nuestra capacitación, y así, solitos hemos aprendido
a la plomería, carpintería, albañilería, a trabajar la tierra de
una manera muy diferente, etcétera. Incluso ahora hay indígenas
en las universidades de Estados Unidos, que provienen de lugares
remotos y que están demostrando que tenemos mucho que aportar a
nuestras comunidades pero también a estas otras comunidades que
están del otro lado de la frontera.
Es obligación de los Estados reconocer que existimos y respetar
nuestros derechos. No somos ciudadanos de segunda para ningún gobierno
y mucho menos para la MadreTierra que nos da cobijo y es el sustento
de toda nuestra existencia.
Es obligación de los Estados reconocer legalmente nuestra presencia
colectiva como sujetos de derecho, y respetarnos en su práctica
política cotidiana, estableciendo una nueva relación entre todas
las instituciones del Estado, las muy diversas fuerzas de la sociedad
nacional y nuestros pueblos, comunidades y organizaciones indígenas.
Es obligación del Estado representar y defender los intereses
y los derechos de todos los mexicanos y alcanzar un acuerdo y convenio
que acabe de una vez por todas con la larga cadena de delitos y
sufrimientos que hemos padecido a lo largo de todos estos siglos.
Nuestra economía contribuye al crecimiento y bienestar de los dos
países, pero nunca han reconocido que les hemos hecho un servicio
generoso, y hemos recibido muy poco justo a cambio.
Es obligación de todos encontrar los consensos a partir del cumplimiento
de los Acuerdos de San Andrés que en su espíritu nos habla de la
posibilidad de construir un trato digno y respetuoso, basado en
principios y valores comunes, para de esa forma establecer una nueva
relación en cumplimiento a la Ley Internacional, el "Convenio 169
sobre poblaciones indígenas y tribales en países independientes",
el "Convenio 111 sobre el Derecho de los Migrantes" de la Organización
Internacional del Trabajo, así como el espíritu de la Declaración
Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, y la Declaración
Americana de los Derechos Indígenas, los Pactos Internacionales
de Derechos Civiles y Políticos, Sociales y Culturales de la Organización
de las Naciones Unidas.
Demandamos la libertad de nuestros hermanos indígenas injustamente
detenidos y presos en todas las cárceles del país, acusados de delitos
en contra de la salud, de daño ecológico, de invasión de tierras
e infinidad de palabras que demuestran el despojo y la falta de
entendimiento de las costumbres y el enfrentamiento agrario entre
comunidades con tal de explotar impunemente sus recursos naturales.
Pero sobre todo, exigimos la libertad, con dignidad y justicia,
de todos nuestros hermanos que han sido perseguidos, hostigados
y encarcelados por la defensa de los derechos de nuestros pueblos,
el reconocimiento de sus propias autoridades y su participación
en la lucha que en todos los niveles se viene dando en torno al
movimiento indígena nacional. Exigimos la libertad Carlos Manzo,
Luis Alberto Marín, Amado Castro, Nicasio Zaragoza, Edmundo Espinosa,
entre muchos otros. Exigimos cese a la represión y castigo a los
asesinos de dos abogadas indígenas en Puebla y la Sierra de Oaxaca,
asesinatos y "accidentes" de indígenas destacados en diversas localidades
y en general el clima de colombianización de varias regiones del
país.
Exigimos el reconocimiento constitucional y el respeto institucional
a nuestros derechos indígenas tal como están establecidos en los
Acuerdos de San Andrés y el inicio de un proceso de transformación
hacia la reforma del Estado y un nuevo modelo de desarrollo con
la participación directa desde nuestros pueblos.
FIRMAS
TONATIERRA
Foro Maya Peninsular de Yucatan y Quintana Roo - CNI
Consejo Ciudadano Unidalguense, Oaxaca
Movimiento de Artesanos Indígenas Zapatistas
Consejo Indigena Popular de Oaxaca "Ricardo Flores Magón" (CIPO-RFM)
Gubiña XXI, Istmo de Tehuantepec
Movimiento Agrario Indígena Zapatista
Ce-Acatl, A.C.
Maderas del Pueblo del Sureste
Ce-Acatl, A.C. Ingenio de Zacatepec 134, Col.
Rinconada Coapa, Mexico 14330 DF, MEXICO Tel: 5594-7516 Fax: 5673-4815
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A partir de Enero 2002, Nuevas publicaciones
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